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Guías10 de septiembre de 20269 min de lectura

Reformas de naves, locales y hostelería: la web que pide un cliente empresa

Lo que se lee sobre webs de reformas suele estar pensado para el particular que cambia su baño. Cuando quien paga es un negocio cambian tres cosas: la prueba que enseñas, el plazo que comunicas y las preguntas de tu formulario.

Ilustración editorial: las fases de un plan de obra frenan contra una vertical con banderín, junto a la fachada de un local con el cierre a medio subir

Un jueves cualquiera entran dos encargos en la misma empresa de reformas: un particular que quiere cambiar el baño y una cadena de tres tiendas que abre local en el centro y lo necesita terminado en una fecha concreta. Las manos que van a hacer las dos obras son las mismas. La web que leen antes de llamar, también.

Ahí empieza el problema: lo que se lee sobre webs de reformas suele estar escrito para el primero, y cuando aparece el segundo se repite el molde residencial cambiando la foto.

El que abre un local no compra como el que reforma su casa

El particular reforma pocas veces en su vida y decide en casa, sin calendario de por medio. La empresa decide con un calendario delante, a veces con un técnico redactando el proyecto y, cuando ya hay local cogido, con la renta corriendo. No compra una obra bonita: compra una fecha que se cumple.

Eso no significa montar dos webs. Significa que cambian tres decisiones dentro de páginas que por fuera son las mismas: la prueba que enseñas, el plazo que comunicas y las preguntas de tu formulario. Qué páginas necesita una web de reformas ya lo contamos en cómo estructurar la web de una empresa de reformas. Aquí va lo que se decide distinto dentro de cada una.

La prueba deja de ser la estancia y pasa a ser la actividad

Una ficha de obra residencial se titula por la habitación: reforma de cocina, reforma integral de piso. Al cliente empresa eso no le dice nada. La suya se titula por la actividad y por el tiempo que costó, del tipo «cafetería de 90 m², abierta en cinco semanas» — un ejemplo inventado, solo para ver la mecánica.

Los campos que la hacen útil:

  • Actividad y superficie. Hostelería, comercio, oficina, taller. Y los metros, la primera unidad con la que el otro compara.
  • Estado de partida. Local en bruto, local que venía de otra actividad o reforma con el negocio abierto: tres obras distintas.
  • Si había proyecto y técnico. Quién lo redactó y cómo te coordinaste con él: es una de las preguntas que llegan pronto.
  • Qué instalaciones se tocaron. Electricidad, climatización, extracción, fontanería, protección contra incendios.
  • Plazo real y fecha de apertura. No una duración aproximada: las semanas que fueron y el día que abrió.
reformas-atlantico.es/obra/cafeteria-90-m2

Cafetería de 90 m², abierta en cinco semanas

Actividad

Hostelería

Superficie

90 m²

Estado de partida

Local que venía de otra actividad

Proyecto y técnico

Estudio externo · coordinación con la dirección facultativa

Instalaciones que se tocaron

ElectricidadClimatizaciónExtracciónFontaneríaIncendios
Plazo real: 5 semanasApertura: 14 de abril
La ficha de obra que lee un cliente empresa: se titula por la actividad y el plazo, no por la estancia, y dentro van el estado de partida, las instalaciones que se tocaron y las semanas que fueron con el día que abrió, no una duración aproximada. Maqueta de muestra (empresa y obra ficticias).

El cliente empresa entra con una sola pregunta — ¿has hecho ya lo mío? — y la responde el rótulo de la ficha. Si tu galería ya se filtra por tipo de obra, el filtro que falta es el de actividad.

El plazo tiene fecha, y la fecha tiene un alquiler corriendo

Para un particular el plazo es incomodidad. Para un negocio es dinero contado: la renta suele empezar a correr antes de abrir —salvo que se haya negociado carencia por obras— y cada semana de retraso se paga con una caja que aún no entra. El plazo deja de ser una línea del presupuesto y pasa a ocupar sitio en la página.

Comunicarlo bien no es prometer más, sino lo contrario:

  • Fases con entrega parcial. Cada fase termina en algo que ya sirve —instalaciones pasadas, cerramiento cerrado, cocina montada—, no en un porcentaje.
  • Puntos de parada marcados. Momentos en los que se revisa, se decide y se puede parar sin destrozar lo hecho.
  • Lo que depende de terceros, escrito. Licencias, acometidas, plazos de material, industriales ajenos. Esconderlo no acorta el plazo: traslada la sorpresa.

Esa forma de trabajar no es exclusiva de la obra: así planteamos también un proyecto web. La longitud la pone el alcance —una web corporativa se entrega en dos a cuatro semanas; una tienda o un área privada, de cuatro a ocho— y entonces la propuesta se parte en hitos como estos.

casadelarbol.es/propuesta

Tu proyecto, por hitos

una cuota al mes
01

La web, publicada y funcionando

Mes 1–2

Puedes parar aquí
02

El área privada, en marcha

Mes 3–5

Puedes parar aquí
03

Proyecto completo

Mes 6–8

Entrega final
Cada hito termina con algo funcionando
La propuesta por hitos: cada fase termina con una entrega funcionando y un punto de parada, con una cuota mensual mientras dura el proyecto.

Si esto te lleva al dinero, esa conversación tiene su guía: cuánto cuesta una página web. Aquí manda el calendario.

La documentación es el argumento, no el trámite

Seguro, garantía y memoria de calidades son las piezas de siempre. Lo que cambia con una empresa es cuándo las pide: antes de sentarse contigo, porque quien firma responde ante alguien —un socio, un franquiciador— y necesita llevarle algo por escrito.

  • La póliza, con su cobertura y su vigencia. No basta con decir que tienes seguro: al otro lado se anotan el importe cubierto y la fecha.
  • A quién se llama cuando algo falla con el local abierto. Qué cubre la garantía, cuánto dura y en cuánto tiempo estás allí sin bajar la persiana.
  • Gestión de residuos. Cómo se retiran y qué se le entrega al cliente cuando lo pide.
  • Coordinación con el técnico. Quién habla con el proyectista y con la dirección facultativa.

Va como texto de la página, no como un PDF que hay que descargar para leerlo. Y falta una pieza: quién eres a efectos legales. El artículo 10 de la Ley 34/2002 obliga a quien presta un servicio por internet a que su nombre o denominación social, el domicilio, el correo electrónico y el número de identificación fiscal sean accesibles «de forma permanente, fácil, directa y gratuita». Un cliente empresa lo busca; si no lo encuentra, saca conclusiones.

La obra que entra en planta: naves, talleres y reformas industriales

El cliente industrial llega con una tarea concreta y quiere cerrarla esa mañana. No necesita una web vistosa: necesita una web precisa, con lo que va a comprobar puesto donde lo busca.

  • Qué intervenciones haces. Por tipo de instalación y de nave, no por metros de reforma integral.
  • Cómo convives con la actividad. Parada programada, por turnos o con la planta en marcha. Esa variable decide si te pueden contratar.
  • Qué informe entregas al terminar. Lo que recibe el responsable de planta cuando cierras la intervención: eso es lo que archiva él, no tus fotos.

Antes de valorar nada hay que pisar la planta, así que el botón que sirve aquí no pide un presupuesto: pide una fecha para verla, y la ventana horaria en la que se puede entrar.

Hay además una diferencia de vocabulario. En obra industrial la unidad no es la estancia ni el metro cuadrado: es la instalación y la parada de producción. Una web que ordena sus trabajos por habitaciones le está diciendo a ese lector que no es su proveedor.

Quién lee tu web del otro lado

«Cliente empresa» no es una persona, y los que llegan no leen igual.

  • El propietario del negocio. Abre su primer local y busca una obra parecida, con el proceso contado paso a paso.
  • El franquiciado. Tiene un manual de marca que cumplir: quiere una obra igual a la suya y saber si has trabajado con especificaciones ajenas.
  • El administrador de fincas o el gestor del local. No va a usar el espacio: responde por él. Seguro, garantía y facturación.

Es arquitectura de contenido, no diseño: cada uno necesita su entrada desde la portada. Si todos caen en la misma página, cada uno rebusca lo suyo entre lo que interesa a los demás.

El formulario pregunta otras cosas

Un formulario de obra de empresa no pregunta por estancias. Además de lo evidente —actividad, metros, estado del local—, pregunta tres cosas que el molde residencial no trae: si hay proyecto y quién lo firma, si el local es propio o alquilado, y quién firma el contrato.

Con eso respondido ya sabes si la fecha de apertura cabe en tu carga de trabajo antes de coger el coche. Y si no cabe, decirlo el mismo día deja la puerta abierta para el siguiente local.

Ese formulario trae el nombre y el teléfono de un empleado que no es quien decide. El artículo 13 del reglamento europeo de protección de datos pide informar, al recogerlos, de quién trata esos datos, con qué fin y cuánto tiempo se conservan. El detalle lo confirma tu asesoría; que esté escrito antes del botón lo nota un comprador profesional.

La obra que se repite: mantenimiento y acuerdo marco

La obra única se busca en Google; el acuerdo marco se decide leyendo. Y cambia la carga de trabajo de otra manera, porque convierte picos en trabajo repetido con el mismo cliente.

  • Un servicio de mantenimiento con alcance escrito. Qué entra, qué no, qué se factura aparte y en cuánto respondes según la urgencia.
  • Una vía de aviso distinta de la de presupuesto. Quien ya es cliente no rellena el formulario de captación: necesita un canal propio, con su horario y con qué pasa fuera de él.
  • Referencias de clientes con varias sedes. Repetir con el mismo cliente en tres locales dice más que treinta obras sueltas.

Si haces mantenimiento y no lo cuentas, tus clientes lo descubren cuando ya han llamado a otro.

Lo que no conviene copiar de la web residencial

  • La galería de cocinas en la portada. Ocupa el sitio donde el cliente empresa espera ver actividad, metros y plazo.
  • El precio cerrado por metro cuadrado. En obra de local mandan las instalaciones y el estado de partida, no los metros.
  • El botón que solo pide nombre y teléfono. Quien va a firmar quiere saber antes qué pasa después: visita, medición, propuesta y en cuánto respondes.
  • Las fotos de banco. Un local de catálogo al lado de tus obras resta credibilidad a las reales.

Cuando haces las dos cosas

El caso más común no es elegir cliente, sino tener los dos: pisos por la mañana y un local por la tarde. La respuesta no son dos webs. Son dos entradas desde la portada, dos galerías filtrables por tipo de cliente y dos formularios distintos sobre una base común: equipo, seguro, garantías y zona se comparten; vocabulario, prueba y preguntas, no.

Si tu fecha real es una apertura, la web tiene que estar publicada antes, no después. Por eso el calendario se monta al revés: se fija primero el día en que levantas el cierre del local y desde ahí, hacia atrás, la fecha de publicación y la de cada entrega, con lo que depende de ti escrito al lado —contenidos, accesos y validaciones—, porque un retraso ahí desplaza el resto. Quien te hace ese calendario es quien va a programar la web, y somos dos.

Si tu obra es de nave o de local, aquí tienes cómo planteamos la web de una empresa de reformas, con la parte industrial y de mantenimiento dentro. Y si el proyecto pasa de la web —panel propio, avisos, área de cliente—, el alcance está en diseño y desarrollo web a medida.

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